domingo, marzo 12, 2006

Los paletos (de la capital)

“Odio y amo”, como decía el poeta latino Catulo. Amo a esta tierra y supongo que el hecho de ser un extremeño en Madrid potencia mi sentimiento de desarraigo. Apátrida y errabundo. Soy de una ciudad que -mientras el resto de España evoluciona- parece involucionar, hasta ser llevada por la hojarasca, hasta explosionar como una estrella. Al volver a pisar mi ciudad siento que nada ha cambiado, que una nana estática la ha estado meciendo; sólo al volver parece que comienzan a caer gotas de tiempo sobre mi reloj. Tomo las palabras de W. Burroughs: Mérida “es un museo muerto”.

Los extremeños llevamos marcado un estigma, un complejo del que no podemos liberarnos, esto es, el sabernos los últimos de la cola. No es de extrañar pues, que los medios de información celebren con tanto énfasis cualquier medida que nos resulte beneficiosa por parte del Gobierno central.
Llevé a Madrid mi personal estigma, un Paco Martínez Soria en la gran ciudad, pero también llevé las palabras de un antiguo profesor del Instituto: “el verdadero paleto es el que ha perdido la capacidad de asombrarse por las cosas cotidianas”. Y sigue.

Francis Cruz en "Extremadura al Día".

Se agradece la frescura (y literatura) de Francis entre tanto dinosaurio.

Gracias al aturdido por el enlace.
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